Aute, mira que eres canalla.

Luis Eduardo Aute

Me pregunto qué sientes ahora que te has convertido en un mito. Te imagino en la primavera tardía de Marruecos, en un hotel con aire francés y cerca del mar. Fumando y tomando un trago de Cointreau, con el sol de la tarde aproximándose a la línea del horizonte. Habrá alguna mujer con un vestido vaporoso, y sé que disfrutas del olor de su perfume y su sudor sobre la piel limpia.

Te conocí con quince años allá por el noventa y cinco y ya nada fue lo mismo. Un amigo me pasó el mano a mano y tú y Silvio os convertisteis en el centro de nuestra mitología personal. Luego vinieron otros, claro: Mark Knopfler, David Gilmour, Van Morrison. Y en seguida los Ismael Serrano y Pedro Guerra, Carlos Chaouen y todos aquellos que bebían y comían de vosotros. Y digo vosotros porque tú y Silvio sois hermanos de leche y de cinta de cassette.

Nunca fuiste mi preferido, pero sí el que más canté. Tú lo sabes y yo lo sé, la guitarra de tus canciones era sencilla y tu voz grave, fácil de imitar sin hacer el ridículo. Al alba, Anda, Alevosía, Mojándolo todo, Dentro y las cuatro y diez. Lo que hiciera falta con tal de ligar, estabas de moda entonces. Y eso que te veíamos como alguien de la generación de nuestros padres.

La adolescencia pasó y no te aborrecí, pero casi. Había cantado tantas canciones tuyas, que acabé aburrido. Además, todos aspirábamos a tocar como Silvio, pero como éramos medio malos nos conformábamos contigo. Desde entonces he pasado años diciendo que sólo podía escuchar tus temas de uno en uno. Hoy he pasado la tarde escuchándote y no me he cansado. Ahora creo que la culpa era mía; por tener que imitar tu voz al no tener una propia.

“Vivir es resistir la coz interna de tu propia cobardía” dices en una de tus canciones, y esa es una de las grandes verdades que cantas. Pero hay otras, muchas otras. Contigo aprendí la otra mitad de cosas importantes que mi padre no pudo o no supo contarme.

Te escapas de una España y un tiempo que ya no son los tuyos, y haces bien. Tus años fueron los del final del franquismo, los de la joven democracia y la caída del muro. Pero este mundo absurdo de hoy no guarda secretos ni sorpresas para ti, es todo la misma mierda en un envoltorio nuevo; serás más útil en donde quiera que estés: tal vez en el caribe, con Hemingway bajo la noche guajira, los dos delirando con la langosta mulata y la viuda negra. Salud, hermano, y vuela como Ícaro hasta las puertas del jardín del Edén, y más allá.

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