El día antes de la felicidad

Erri di Luca

El día antes de la felicidad es alta literatura, una verdadera joya: la mejor novela que he leído este año.

La trama versa sobre un joven huérfano que crece y es más o menos atendido por Don Gaetano, el portero de un edificio que también fue huérfano a su vez. Se dan los temas típicos en los chicos: futbol, colegio, crecer, soledad, chicas, mujeres, aprender un oficio,…, abrirse al mundo. Y paradójicamente el Nápoles que nos muestra el autor es el de los escondrijos subterráneos y las catacumbas. “ — He traído las sábanas — y se encaminó hacia la puerta que daba a las escaleras de bajada. Encendí la vela y cerré detrás de mí la ciudad.”

Más allá de la trama, que está bien construida, lo que hace diferente el libro es la forma de tratar los temas, muy original, y el estilo que es delicioso.

“Platón enredaba, ponía en boca de su maestro y de los demás lo que a él le parecía. Él permanecía escondido detrás de ellos. ¿Es eso lo que hace un escritor? No debe hacer eso. El escritor debe ser más pequeño que la materia que relata. Se debe ver que la historia se le escapa por todas partes y que él sólo recoge un poco. Quien lee tiene el gusto de esa abundancia que se desborda más allá del escritor.”

“Había huido hasta allí sin saber encender un fuego, Argentina me enseñó a apañármelas, que es acampar. Es distinto a vivir, que es pasar el tiempo. Apañárselas tiene como meta el final del día, el lugar adecuado para vivaquear, agua para el caballo y ramas para el fuego.”

El escenario es el Nápoles de los años cincuenta, pero hay un constante mirar atrás, hacia la guerra, que está muy conseguido.

“ — Los fascistas habían desaparecido. No se veía ni una camisa negra por la calle, se habían vuelto todas grises gracias al tinte. Era el color «noledemosmásvueltas». Entre nosotros se olvida el mal en cuanto llega un poco de bien. Es razonable, desde luego. Un bonito aplauso para los americanos y sigamos adelante.”

De todas las verdades que contiene, que son muchas, me quedo con este detalle por motivos puramente sentimentales: “Nápoles se había consumido en lágrimas de guerra, se desahogaba con los americanos, montaba carnavales todos los días. Entendí entonces la ciudad: monárquica y anárquica. Quería un rey aunque ningún gobierno. Era una ciudad española. En España siempre ha habido una monarquía pero también uno de los más fuertes movimientos anarquistas. Nápoles es española, está en Italia por equivocación.”

El autor nos regala una pequeña novela entretenida que se lee de un tirón, con personajes rotundos, elegancia en la forma y destellos de pensamiento. Una mezcla entre Elena Ferrante y José Luis Peixoto. Erri di Luca es un hombre polifacético que ha realizado numerosos oficios (muchos de ellos trabajos pesados), traduce al italiano desde varios idiomas y escribe como pocos.

Que no haya ni una sola reseña en goodreads en español de esta obra de arte moderna (Una en catalán nos salva del desastre más absoluto) lo dice todo acerca de los circuitos editoriales y de los tiempos tristes en que vivimos los hispanos, culturalmente hablando.

Yo tampoco conocía a Erri di Luca, un mago.

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